En toda la Red Española de Parques Nacionales el único fundamentalmente geológico es el de Timanfaya, valiosa muestra del vulcanismo reciente producto de las erupciones que se produjeron entre 1730 y 1736, y en 1824 que crearon las estructuras geomorfológicas que hoy en día sorprenden a todos los que visitan Lanzarote. El actual paisaje rugoso, abrupto y casi extraterrestre, alternando el colorido ocre con el negro, el naranja o los diferentes tonos de gris del manto de lava y ceniza se queda grabado en la rutina del viajero. 

Aunque el paisaje volcánico de las Montañas de Fuego abarca más de 170 Km², el área protegida como Parque Nacional de Timanfaya se reduce a unos de 50 Km², donde sucedieron las erupciones más importantes.

La suave climatología de la isla ha contribuido a que el paisaje volcánico se encuentre casi inalterado, lo que lo convierte en un magnífico terreno de observación para procesos de colonización de la fauna y la flora. 

Las erupciones sepultaron, además de varias poblaciones, una de las franjas agrícolas más productivas de Lanzarote que en la actualidad, especialmente los formados por lapilli o rofe, se reconvirtieron en plantaciones de viñedos entre la fértil arena volcánica.

En el interior del Parque Nacional se encuentra la llamada Ruta de los Volcanes, unos 14 kilómetros acondicionados para la visita por César Manrique y Jesús Soto en 1968. El trazado de la carretera, que se realiza en unos 30 minutos aproximadamente, está pensado para mimetizarse con el entorno a lo largo del núcleo principal de las erupciones. El visitante podrá contemplar elementos de singular interés geológico y geomorfológico como malpaíses, hornitos o cuevas. 

Conviene que el visitante tenga en cuenta que a lo largo de Timanfaya se originan anomalías geotérmicas que causan temperaturas inusuales en la superficie provinientes del subsuelo. El Islote Hilario es el núcleo principal de estas anomalías, donde pueden contemplarse sus efectos a través de los famosos géiseres o la combustión de aulagas.

Otra curiosidad que ejemplifica esta alta temperatura es la posibilidad de cocinar alimentos con el calor natural de la tierra. El espectáculo producido por el efecto del agua sobre las bolsas en el subsuelo a gran temperatura parece pirotécnico y es uno de los más sorprendentes.

Las visitas al Timanfaya se realizan desde el siglo XIX, por lo que existe una tradición muy importante en esta isla Canaria que recibe anualmente casi un millón de personas. Una de las formas más habituales de realizar este paseo sobre el volcán es a lomos de un camello, por lo que las caravanas de estos animales se han convertido en una de las postales más típicas de Lanzarote. 

Paseo Camello en Lanzarote

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