Lanzarote es conocida por la variedad de paisajes únicos: las salinas de Janubio, Los Hervideros, el Charco Verde, Los Jameos, el archipiélago Chinijo, La Geria… sin embargo, el más icónico es el Parque Nacional de Timanfaya, que es Reserva de la Biosfera de la Unesco.

Sus más cinco mil hectáreas parecen salidas de una película de ciencia ficción. La mayoría de quienes lo visitan lo comparan con un paisaje lunar y equiparan un paseo por este paisaje fascinante con la sensación de pisar la luna, o quizás marte, por su peculiar tono rojizo. Las Montañas de Fuego emergen de fósiles de lava y todo parece petrificado.

 

 

Aunque puede parecer a simple vista inhóspito, y carente de vida humana, posee una gran riqueza biológica, a pesar de que muchos de sus atractivos a simple vista no se puedan contemplar. Éste es uno de los motivos por los que los recorridos están restringidos a determinadas áreas. 

Timanfaya está en el centro-oeste de la isla, y para acceder al parque se realizada hay que abonar una entrada en Taro. El parque está abierto todos los días a partir desde las 9 de la mañana, pero conviene pronto para evitar las colas de vehículos suelen formarse en temporada alta o en las horas más habituales. Para ello cualquier época del año es buena, ya que el clima de Lanzarote es templado, con numerosas horas de sol a lo largo de todo el año y sin casi precipitaciones. La visita dura una hora.

No es necesario ser un experto en geología para poder apreciar la belleza y singularidad del Timanfaya. Un audio va describiendo el paisaje a medida que se avanza en el recorrido, para ayudarnos a diferenciar los distintos tipos de lava, las formas geotérmicas más sorprendentes o los hornitos más emblemáticos. 

El recorrido se hace en los autobuses (los canarios los llaman guaguas) del parque. En el Islote Hilario, núcleo principal de las Desde la entrada, hay que dejar los vehículos y comenzar el recorrido de unos 14 kilómetros. 

Uno de los atractivos de esta visita que muestra el poder de la naturaleza es comprobar in situ que el Timanfaya aún tiene actividad volcánica. En el Islote de Hilario, a pocos metros de la superficie, la temperatura alcanza los 400 grados centígrados. Para demostrarlo, los guías echan agua en un agujero de la tierra para que el turista vea cómo sale instantáneamente volatilizada como una especie de géiser, o cómo arden ramas secas en cuanto se acercan a esos mismos huecos del suelo.

 

 

César Manrique también ha dejado su huella en el Timanfaya. El único restaurante que hay dentro de este Parque Nacional es El Diablo, que está próximo al lugar en el que los guías hacen las demostraciones geotérmicas. Las vistas de este restaurante son espectaculares, porque el comedor es circular y acristalado, pero lo más llamativo es que la parrilla en la que se preparan los platos que luego se sirven a  los comensales se prende con el fuego que proviene de las entrañas del volcán.

Si te alojas en una de las villas vacacionales de Villalia, seguro que no quieres irte de la isla sin dar un paseo en dromedario (un animal que cumplió un importante papel en las labores agrícolas de este lugar) por las laderas del Timanfaya desde el Echadero de Camellos

Otra experiencia que merece la pena vivirse si estás en Lanzarote es contemplar el atardecer en el mirador de Montaña Rajada cuando el sol se pone (para lo que es aconsejable apuntarse en la lista de espera). Desde sus 350 metros de altura puede disfrutarse de una increíble panorámica de los veinticinco cráteres volcánicos que conforman las Montañas de Fuego de Timanfaya

 

 

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